ENTREVISTA

Adriana Toraya sobre prevención de la violencia en espacios públicos.

Texto: Daniel Vera e Isabel Ramón. Editorial: Omar Jiménez. Fotografía: Xavier Rojas. 

La Dra. Acosta Toraya es una mujer sensible. Habla en un registro bajo; su voz, incluso, es agradable de escuchar. Estamos frente a frente, separados únicamente por un escritorio de madera, reunidos en una de las oficinas de la Coordinación de Estudios de Género, perteneciente a la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Nos recibe con una calidez que desarma cualquier formalidad previa: igualmente, en la habitación, está Brad y Jared, de nuestro equipo audiovisual. Conocerla así, tan cercana y entusiasta, parece contradecir —al menos en apariencia— la firmeza y la determinación que demanda la labor que realiza cotidianamente. 

Nuestra invitada se define como una «eterna aprendiz y sensible a la injusticia». En el sentido profesional, Adriana Esmeralda Acosta es licenciada en Derecho por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Para ella, «todas las carreras tienen una vocación» y la suya siempre estuvo ligada a la defensa de los derechos de las personas: «Siempre, cuando desde mis convicciones y valores, una situación no es correcta, eso me genera una inquietud». Al mismo tiempo, señala que es importante reconocer que siempre tenemos un currículum oculto: ese conocimiento que otorga la vida, la forma en la que hablamos, el resultado de la «arquitecta de vida». Pero, sobre todo, la relación con las asimetrías de poder: «He aprendido mucho del activismo, de estar en contacto con personas receptoras de violencias, de la realidad», señala. 

«El derecho no únicamente es normativo, sino que responde a la realidad social». 

La Dra. Acosta Toraya comenta que, cuando era estudiante de secundaria, atravesó una situación que, en ese preciso estado de tiempo, no sabía cómo nombrar: «Me postulé para las elecciones de la sociedad de alumnos y gané. Pero en un evento cívico, en público, el director de la escuela me dijo que estaba relevada del cargo. Sin explicación, sin decir nada más». Un momento en el que ella sintió «una mezcla de indignación e impotencia por ser injusto y, en ese instante, no saber como defenderse». «Es muy probable que ser mujer haya influido, en un entorno de espacio y tiempo, donde se esperaba una mayor sumisión; y yo he tenido la tendencia de expresar lo que pienso cuando lo considero justo y necesario», puntualiza. Ella hace una pausa, el salto de tiempo perfecto para pensar un poco mejor sus siguientes palabras: «Mis padres y yo fuimos a hablar sobre la situación con la persona que era secretaria de Educación, una mujer tabasqueña que tiene un liderazgo femenino admirable, la Dra. Guadalupe Cano. Me escuchó, creyó en mí, y me asistió la razón, dando marcha atrás a mi remoción y reinstalándome como presidenta; eso me marcó por la importancia de la reparación del daño y dejó huella en mi interés por la protección de las personas ante situaciones así, de violencias (sic)». 

La Dra. Acosta Toraya es la primera titular de la Coordinación de Estudios de Género de la UJAT, la máxima casa de estudios de Tabasco. La incorporación de este espacio, reconocido en la legislación institucional, es reciente: data de la primera administración del actual rector, el licenciado en Derecho Guillermo Narváez Osorio, cuando el H. Consejo Universitario aprobó el Protocolo para la Prevención, Atención y Sanción del Hostigamiento Sexual y Acoso Sexual. «Es verdad que ya existía un Departamento en la materia; sin embargo, la Coordinación de Estudios de Género desarrolló una actuación más amplia, impulsada por la voluntad política del rector, lo que ha permitido adquirir mayor visibilidad e incidencia institucional», puntualiza nuestra invitada. 

Al asumir el cargo, no encontró una oficina con procesos establecidos ni estadísticas previamente definidas, sino un proyecto que debía construirse prácticamente desde sus cimientos, a partir de la escucha activa. «La comunidad estudiantil, los jóvenes y los colectivos tienen sus exigencias. Hay que hacerles caso. Por ellos estoy aquí y por ellos me mantengo», afirma. Además de ejercer el derecho desde una concepción pragmática, la Dra. Toraya es una mujer de metodologías y de ciencia social. Para nuestra invitada, contrastar datos es tan importante como conocer de cerca los indicadores para crear espacios seguros, libres de violencias. 

Aunque la creación de la Coordinación de Estudios de Género respondió, en un inicio, a la necesidad de atender el acoso y el hostigamiento sexual, actualmente existen solicitudes de atención por situaciones diversas: discriminación, violencias tanto físicas, académicas, psicológicas, entre otras. En estos casos, la Coordinación actúa como un primer punto de contacto, canalizando cada situación de violencia hacia las instancias competentes y, así, asegurando una atención integral. 

Mediante la implementación de programas de capacitación, el diseño de estrategias de prevención y atención en materia de violencia, así como la generación de materiales informativos y el impulso de actividades académicas que promuevan la igualdad sustantiva, particularmente, el trabajo de nuestra invitada consiste en desarrollar iniciativas enfocadas en la atención de hombres y mujeres, en toda su diversidad y en cada etapa de vida dentro de la comunidad universitaria. 

A lo largo de nuestra entrevista, la Dra. Acosta Toraya realiza una aseveración fundamental: «La educación, en cualquiera de sus niveles, no solo impacta en la formación de profesionales de excelencia, sino también en la construcción de ciudadanos con un profundo sentido de responsabilidad social». 

La Dra. Acosta Toraya señala que, desde la Coordinación de Estudios de Género, «la víctima es el centro de atención». En este espacio se realiza una labor orientada a la atención de casos particulares de violencia. A través de un equipo especializado, integrado por abogadas y psicólogas, se brinda acompañamiento jurídico y contención emocional: «Nuestro compromiso es con toda la comunidad universitaria; sin embargo, desde un enfoque de derechos humanos, es necesario precisar que la violencia no es neutral, sino que se configura a partir de relaciones de poder que afectan de manera diferenciada según el género, la orientación sexual y otras interseccionalidades. En consecuencia, la atención debe ser universal, pero también diferenciada y sensible a estas desigualdades», señala, destacando el enfoque que persiste en la Coordinación. Se trata, afirma, de una tarea necesaria que no únicamente responde a la urgencia de atender situaciones inmediatas y aisladas, sino que también busca transformar las dinámicas institucionales que históricamente han invisibilizado las violencias y reproducido desigualdades en los espacios universitarios. 

«La vinculación es importante», afirma nuestra invitada. Desde un enfoque de derechos humanos, la vinculación institucional con diversas áreas de gobierno y organizaciones de la sociedad civil constituye un elemento clave para garantizar una atención integral, oportuna y especializada, acompañando a quienes atraviesan situaciones de violencia, recordando que detrás de cada expediente hay una historia que merece ser atendida y dignificada; reafirmando que la universidad puede ser, igualmente, un espacio de escucha y protección.