ENTREVISTA
Una conversación con Vanessa Pardo sobre juventud en tiempos de la transformación.
Texto: Valeria Rosaldo y Daniel Vera. Editorial: Isabel Ramón y Omar Jiménez. Fotografía: Jared Flores.
Vanessa Pardo tiene solo 24 años, una edad que bajo cualquier punto de vista sensato aún se considera temprana. Sin embargo, a medida que nuestra conversación avanza, se proyecta como alguien plenamente consciente de la responsabilidad que implica asumir un cargo público en esta etapa de su vida: «Asumir una responsabilidad tan grande a mi edad ha sido un reto, pero también una oportunidad de abrir camino a una generación que trae una nueva visión», dice. Actualmente se desempeña como directora de Atención a la Juventud del Instituto de la Juventud y el Deporte de Tabasco (INJUDET), un órgano público desconcentrado del gobierno estatal, el cual está encargado de fomentar, coordinar y ejecutar políticas públicas, programas y acciones orientadas al desarrollo integral de las jóvenes y al impulso de la actividad física.
«Durante mucho tiempo, las juventudes han sido vistas como inexpertas o poco preparadas, lo que ha generado una desconexión con la vida pública», asevera. Pero no está mintiendo. La participación de los jóvenes, en la democracia, o su ejercicio de la ciudadanía, se ve reflejado en espacios artísticos, donde no hay estigma, desde lo performativo; o, en su defecto, en espacios liderados por ellos mismos: grupos, comunidades, movimientos. «No se puede juzgar a un sector que históricamente no ha tenido suficientes espacios para participar», señala.
«Es verdad que hoy hay más apertura y una mayor disposición a escuchar. El hecho de que esté al frente de una dirección dentro del INJUDET es, en sí mismo, una señal de que las oportunidades para las juventudes están creciendo», señala Vanessa. Sin embargo, también reconoce los matices de este avance: aunque se han abierto espacios que antes parecían impensables, persiste un rezago que responde a contextos y tiempos específicos, y que aún exige trabajo constante. Sobre todo, como nuestra invitada señala, en la tarea de que las y los jóvenes comprendan que la vida pública no es un territorio ajeno, sino un espacio que, intrínsecamente, les pertenece. No importa a qué decidan dedicarse en el futuro —ya sea en el ámbito empresarial, cultural, deportivo o académico—, las decisiones públicas impactarán directamente en lo cotidiano, en el paso de los días. De cierta manera, Vanessa reconoce la responsabilidad colectiva inherente al involucrarse, opinar y formar —y sentirse— parte.
En el ámbito profesional, Vanessa es licenciada en Administración por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Nuestra invitada comparte que, desde sus primeros años de formación, se inclinó por el área económico-administrativa, motivada por su interés en entender la dinámica interna de las organizaciones, la toma de decisiones y la forma en que la planeación, el orden y el comportamiento organizacional influyen directamente en los resultados de un proceso y proyecto. Después, consolidó su preparación con una maestría en Administración y Políticas Públicas por el Instituto de Administración Pública de Tabasco (IAP).
Vanessa reconoce que, aunque pueda pensarse lo contrario, «después de tantos años de lucha, los estereotipos de género siguen presentes» y, muchas veces, continúan siendo un obstáculo para que las mujeres puedan desarrollarse personal y profesionalmente de manera plena. «Y cuando a eso le sumas ser joven, muchas veces genera resistencia o desconfianza», puntualiza. Las mujeres, señala, tienen habilidades muy valiosas: sensibilidad, capacidad de adaptación, creatividad y resiliencia. Como consejo, Vanessa señala que mantener la autenticidad otorga fortaleza, y la preparación las herramientas para sostenerse y avanzar.
«Pero vale la pena preguntarnos: ¿de dónde viene esa incomodidad? Muchas veces está ligada a prejuicios sobre la falta de experiencia, firmeza o capacidad. Y es justo ahí donde tenemos la oportunidad de romper esquemas», señala nuestra invitada.
«Me gustaría que las instituciones dejen de ver a las juventudes como una carga o como personas a las que hay que enseñar desde cero, y comiencen a verlas como agentes de cambio con nuevas ideas y formas de hacer las cosas», reconoce. Desde su labor en el INJUDET, Vanessa ha tenido la oportunidad de acercarse a decenas de jóvenes con talento y una capacidad extraordinaria: personas inteligentes, capaces de crear y, con el paso del tiempo, sostener proyectos; con una disciplina y perseverancia admirable. Pero, reconoce que también hay un elemento en común: alguien que creyó en ellos y decidió darles una oportunidad.
«Cuando tienes claro hacia dónde vas, es mucho más difícil que alguien te desvíe».
En el ámbito institucional, nuestra invitada identifica algunos de los programas que, a su consideración, tienen mayor relevancia. Entre ellos destaca el Premio Estatal de la Juventud, que reconoce el talento y el esfuerzo de jóvenes tabasqueños —en áreas como cultura, derechos humanos, ciencia y emprendimiento— y que, más allá de ofrecer un estímulo económico, esto convierte en una plataforma que les da visibilidad y los impulsa a seguir creciendo, pudiendo acceder a una red de contactos y alianzas con el sector público y privado.
Paralelamente, Vanessa resalta el Concurso Estatal de Freestyle, un proyecto que ha permitido acercarse a las juventudes desde la expresión artística, rompiendo con los estigmas asociados al rap y fomentando la creatividad, la improvisación y la confianza para expresarse libremente: «A través de estos espacios, hemos visto cómo jóvenes estudiantes, trabajadores y emprendedores construyen una comunidad, desarrollan habilidades y encuentran su propia voz», puntualiza.
En nuestra entrevista, Vanessa comenta que estos programas están diseñados para ser accesibles, procurando que los jóvenes entre los 12 y los 29 años de edad tengan la oportunidad de participar. Asimismo, reconoce que, gracias a las audiencias públicas del gobernador, Javier May Rodríguez, ha sido posible llegar a centros integradores y comunidades en la periferia de Tabasco, acercando la información y motivando a más jóvenes a involucrarse.
«Me gustaría que, en el futuro, se reconozca al INJUDET como una institución que abrió puertas, que confió en las juventudes», comenta. Y esto no está lejos de convertirse en una realidad, porque Vanessa sabe que ocupar espacios no es suficiente, si no se ponen a disposición del pueblo.