ENTREVISTA
Paola Calzada sobre arquitectura sustentable y habitable.
Texto: Daniel Vera. Fotografía: Marta Kowalska.
Conocí el trabajo de Paola Calzada, arquitecta tabasqueña, a través de internet. Era mediados de febrero y, personalmente, estaba buscando un lugar donde pasar las vacaciones de Semana Santa en compañía de algunos miembros de mi familia. Tres para ser exactos: mi madre, mi padre y mi hermano menor. Quería un destino cercano a Villahermosa, la capital de Tabasco; sin la exasperante necesidad de trasladarnos durante horas por carretera, dentro de un incómodo automóvil. Gracias al algoritmo, llegué a Punta Palmares: se trata de una residencial edificada en Playa Miramar, en Centla, un destino casi inmediato a las aguas del golfo, y que nace de la arena húmeda.
Tengo una fijación casi patológica por saber más de lo que puedo ver y leer de manera superficial. En Punta Palmares, además de casas, hay bungalows —una alternativa independiente y a menudo más espaciosa que una habitación de hotel estándar—, que son una opción perfecta para una estancia vacacional, sin la necesidad de adquirir un lote. Un aspecto que llamó mi atención fue que estos espacios han sido amueblados con mobiliario reciclado, de la marca Luken, perteneciente a Paola. Ella, sin necesidad de tecnicismos, describe los colores como «vibrantes». Hay algo en ese adjetivo —su negativa a ser más sofisticada de lo necesario— que me resultó interesante. Unas semanas después, Paola Calzada y yo conversábamos por videollamada.
Paola Calzada es una mujer inteligente y elocuente: no únicamente habla de arquitectura, sino que domina temas como la historia regional, la legislación estatal, los procesos políticos y la inequidad de género. Ella responde a mis preguntas, siempre, con una claridad admirable: «De niña, no me quedaba tan claro. Pero ahora, viéndolo en retrospectiva, siempre hubo tendencias hacia el diseño y la arquitectura, en cuanto a ese deseo de modificar el entorno en el que estaba», comenta. «Yo veía Plaza Sésamo, y no me gustaba la vecindad; el espacio y el contexto no eran de mi agrado. Era un patio muy duro, gris, de concreto, de lo que yo recuerdo. Entonces, en mi mente intentaba cambiarlo. Después de pensar mucho en el patio, mi mente infantil llegó a la conclusión que con arbolitos se vería mejor, por lo que lo plasmaba en mis dibujos y en el juego fantaseaba en regalarle arboles a las familias que vivían en dicha vecindad (sic)», puntualiza, haciendo énfasis en estas experiencias que, por más cotidianas que parezcan, pueden revelar la identificación de patrones que, con el tiempo, adquieren sentido.
En el plano profesional, Paola Calzada es licenciada en arquitectura por la Universidad Iberoamericana. Desde el año 2018, ella tomó la decisión de fundar su propio despacho de diseño, donde cada proyecto se desarrolla con un enfoque interdisciplinario bajo una ética sustentable: «Hay un equipo de profesionales: personas arquitectas, interioristas, diseñadoras gráficas y paisajistas», señala. «En Villahermosa, tenemos un proyecto llamado Parque de Ceibas. El primer desarrollo ecológico en el estado», asevera. Esto es cierto. Estamos hablando de una residencial: en su mayoría, los inmuebles están construidos alrededor de una disposición espacial que privilegia la conservación de la naturaleza, yuxtapuestos de senderos arbolados y áreas de convivencia. Las ochenta casas que integran este desarrollo se encuentran rodeando un parque de 6,000 m2 de uso exclusivo para las familias. «La vegetación es lo que le da la belleza de los espacios habitables y añade felicidad a sus habitantes, la ciencia que lo estudia es la biofilia», comenta.
Pero este no es el único rasgo importante de Parque de Ceibas. Paola Calzada señala que, en lugar de sellar la tierra con capas de concreto —como ha sido la tendencia en muchos desarrollos contemporáneos—, en esta residencial «se dejaron seis mil metros cuadrados de área permeable e inundable». Una decisión que reconoce la lógica hídrica del territorio. Esa superficie funciona como un vaso regulador: absorbe y contiene los flujos pluviales, permite que el agua encuentre cauces temporales sin convertirse en amenaza para el patrimonio de quienes viven ahí.
«Cuando iba a empezar a trabajar el diseño de Parque de Ceibas, tenía que tomar una consideración muy importante: es un terreno que se encuentra en medio de dos ríos, como todo Villahermosa, entonces no es un rasgo extremadamente particular», señala Paola. La arquitecta explica que el terreno se encontraba deforestado, y que únicamente había una Ceiba al fondo. «Cuando fui al lugar, vi este gran árbol y sabía que tenía que diseñar alrededor de él; talarlo no era una opción. Para los constructores sí, pero nunca he entendido la razón», puntualiza.
Actualmente, en Parque de Ceiba se han realizado dos jornadas de reforestación, en colaboración con el movimiento ciudadano, Comprometidos con la tierra; reduciendo, proporcionalmente, las islas de calor en el estado. Paola Calzada, señala que hay una línea muy difusa entre el negocio y la responsabilidad social que debería maximizarse: «A los desarrolladores se nos exige muy poco, desde la legislación, hablando en términos ambientales: ¿Qué tengo que devolverle a la ciudad y a los propios clientes?».
Paralelamente, Calzada también enseña. Y, en nuestra conversación, habla de eso con una honestidad que no es frecuente entre quienes ocupan el frente de un aula: «Me gusta que mis alumnos me exijan», dice. «Mi trabajo con ellos no termina al final de la clase; necesito seguir estudiando para resolver sus dudas». Hay algo ligeramente contracultural en una profesora que concibe su propia formación como consecuencia directa de sus estudiantes, y no al revés.
Para nuestra invitada, los jóvenes no son receptores pasivos de conocimiento sino ciudadanos con obligaciones puntuales: aprender, informarse y, sobre todo, exigir. Exigir a sus profesores, al gobierno, a quienes toman decisiones que moldean, muchas veces sin consultarles, el mundo en que van a vivir. Esta, sin duda, es una postura que podría etiquetarse como simplista hasta que se considera cuántos sistemas —educativos, políticos, económicos— están diseñados, con notable eficiencia, para desincentivar exactamente eso.
Lo que me quedo, después de hablar con Paola Calzada, no es una sola idea sino una tensión: la que existe entre lo que es posible hacer dentro de las reglas y lo que sería necesario hacer si las reglas fueran distintas. Ella opera en ese espacio intermedio con pragmatismo y con algo que, sin ser ingenuo, se parece a la esperanza. Diseña como si la ciudad ya tuviera la conciencia que todavía está aprendiendo a tener.